Lana se saco los dientes hipnotizada por la tv. En la novela los amantes se besaban bajo el sol ardiente de Rio y ella estaba lejos…tan lejos de todo. Yo la observaba desde el sillon undido. Los surcos de sus arrugas le atravezaban toda la cara, eran como caminos vencidos y zigzageantes. Cada tanto Lana ezbozaba una debil sonrisa, dependiendo de lo que fuera pasando en la pantalla. Estaba absraida y mi precencia no la invadia. Me levante y fui hasta la alacena. Si, el revolver estaba ahí, no habia visto mal la primera vez. Pero la respuesta a mi pregunta angustiada no llegaba nunca. La novela lo envolvia todo. Habia un hombre muerto en el patio, el revolver estaba caliente , el telefono no funcionaba y Lana miraba la novela. Con ese panorama me habia encontrado al llegar. Mi abuela llego 15 minutos después. Me di cuenta por su grito que rompio los vidrios. Lana no la escucho, es medio sorda. “¿Qué haces ahí quieta?” me grito cuando me vio, “Llama a la policia!” “No sabia que hacer, y ...